domingo, 7 de marzo de 2010

La noche esperada.



Las ganas de verlo cada día eran más desesperantes y yo más impaciente. Teníamos planeada una noche para los dos, pero por lástima no podríamos dormir juntos. Si al menos viviera cerca de mí… Faltaba muy pocos días para esa noche tan especial en la que curiosamente era nuestro aniversario. Hablábamos por internet, por el teléfono móvil pero eso no hacía que disminuyeran las ganas de verle y de que llegara esa noche.

Llega el día, toda la tarde en un cumpleaños, así el tiempo se me pasó rápido hasta la hora en que llegara él. La verdad es que la fiesta estuvo realmente genial y fue un desfase total. Yo durante la fiesta hablaba con él por sms y le preguntaba cuando venía… ¡Tenía tantas ganas de que llegara! Al fin me da una llamada perdida al móvil y grité a mis amigos -“Es él, ya viene” y me asomé a la ventana y allí estaba, saliendo del coche dirigiéndose a mí con una maravillosa sonrisa. Yo ya estaba como loca por darle un beso y preguntarle –“¿Qué tal estás?

La gente esperaba su llegada para sacar las tartas y soplar las velas. Luego nos quedamos un rato y ya nos fuimos a celebrar nuestra gran noche. Llegamos a mi casa y teníamos una cena preparada, nuestros cubiertos, copas, una vela con aceite que alumbraba lo justo… Nos sentamos a cenar, estábamos solos y eso bastaba. Terminando de cenar hablamos un poco y nos tumbamos en el sofá con las luces apagadas y sin la vela, dejando un suave tono de luz de la lámpara del salón, muy romántico todo.

Yo le dije que mejor si nos marchábamos a mi habitación y así meternos abrazados en mi cama. Subimos, y fue todo fantástico, pasaron las horas y se tenía que marchar, era tarde y estaba cansado, aun tenía que conducir hasta su casa. Yo sinceramente, no quería que desapareciera de mi habitación y no quería hacerme a la idea de no verlo cuando volviera a subir las escaleras. Bajé a despedirme de él, descalza y con una camiseta que apenas me llegaba a las rodillas, notando el frío que me corría por el cuerpo… No paraba de darle besos y decirle lo mucho que lo quería, daría lo que fuera por no verle marchar, porque no se fuera esa noche, pero se iba y no podía hacer nada… Solo mirar cómo se alejaba mientras me caía una pequeña lágrima que recorría mi cara lentamente. Esa lágrima significaba dos cosas, por un lado el haber pasado esa gran noche a su lado y todo lo que hicimos juntos, pero por otro lado, era tristeza y vacío…

Se cerraba el ascensor y yo cerrando mi puerta, algo hizo que frenase –“¡ÁMOTE!” le contesté con un –“Y yo también” a punto de romper a llorar… Cerré la puerta y me subí sin pensarlo a mi habitación, me acosté y estaba sola, ¡definitivamente se fue! En una sobredosis de nostalgia dije –“Por favor abrázame” rompiendo a llorar sin poder controlarlo. Abrazaba mi almohada intentando hacerme a la idea que era él que estaba a mi lado, pero no era así, no conseguí engañarme… Él ya no estaba conmigo, pero todo había sido perfecto.

Vita Burke.