sábado, 24 de abril de 2010

Sin rumbo.

Esta ciudad es más fría ahora, creo que se hartó de nosotros. Es hora de hacer nuestro deber, me quito el óxido. Tengo mi corazón en otra parte, aparto la mirada contando los años. Con mis manos estables cojo el volante, cada mirada me mata. Es hora de hacer la última petición para la vida que llevo. Parar y mirar fijamente. Pienso que me estoy moviendo pero no voy a ninguna parte. Si, sé que le da miedo a cualquiera pero soy lo que no puedo ser. Empiezas a preguntarte por qué estás “aquí” y no allí y darías cualquier cosa para estar en el lugar correcto. Pero no es lo que realmente necesitas. Intentan regresar, empujan mis sentidos, desatan las bolsas pesadas, no pensé que podría… Espero que mis pies no me fallen ahora, corro hasta no poder más, pero algo me desconcentra y me vengo abajo.

¿Puedes ver lo que yo veo?

Engañada.

Sí, está perfectamente claro que el amor no es lo que necesitas. Te digo que no me importa pero no quiero oír nada de lo que digas, estar de acuerdo y no reconocer en qué me he convertido. No sé porqué te quiero tanto, porque no necesito tener el corazón roto. No sé qué adictivo me has dado que no puedo moverme ¡No! No tengo el control, así que déjame ir. No podría dormir por mi sola, me quemaría viva para que me encontrara otra persona, pero no quiero intentar dejar de lado el amor que va en contra de la lluvia pero puedo racionalizarlo si tengo que hacerlo. Libera mi cuerpo, sé que esto está mal. Así qué ¿por qué estoy contigo? Te digo que lo hagas porque no estoy dispuesta a convencerme a mi misma de que estoy mejor sin ti.